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Eté porã, chamigazos, todos!!!

Quero aqui diferenciar os estilos de chamamé que fazem parte de todo o cenário Correntino, ou seja, suas escolas as quais se diferenciam pelo estilo de compor e interpretar. Sabe-se que o chamamé é derivado da polca paraguaya e por sua vez esta, da antiga galopa. Há inclusive uma contradição de que de fato o chamamé foi uma invensão de Buenos Aires para diferenciar este da polca, que se tocava no Paraguay. Bem o que quero de fato ressaltar são as diferenças do ritmo, enquanto uma tradição Correntina.

Podemos destacar, como exemplo, os estilos de Transito Cocomarola, o de Ernesto Montiel e o de Tárro Ros (pai). Pode-se notar nitidamente as tendências de cada uma "dessas escolas".

Queria saber o que os chamigos entendem com essas diferenciações e que possam dar seu próprio destaque ao tema. Venho estudando estas nuances a vários anos e tenho algumas conclusões a respeito que faço em meu blog: VIOLA CHAMAMECERA, para quem tiver interesse.

Conto com os chamigos para este assunto que irá dar consistência ao entendimento em geral desse estilo cultuado por nós todos do chamigos.com.

Um abraço e obrigado a todos.

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Autor: Jorge Luis Rozemblum Sloin
Originalmente publicado en la revista Eufonía Nº 26 (2002)

La llamada música litoraleña define un estilo de músicas populares que ha influido en otros y que destaca por su particular rítmica y la amabilidad de sus melodías, muchas veces virtuosas e imitativas de los sonidos naturales. Entre los géneros litoraleños destacan la guaranía, la galopa o galopera y el chamamé.
La música de chamamé suele interpretarse en conjuntos instrumentales dominados por el acordeón y la guitarra, mientras que las otras formas de música litoraleña incorporan el arpa y el violín. En las bailantas de la zona los músicos chamameceros suelen ampliar su repertorio con valseados, polcas y rasguidos dobles. En cuanto a su carácter tímbrico, acusa la influencia del paisaje a través de simbolismos como el sonido del arpa paraguaya y las guitarras con el fluir del agua, o la imitación de los ambientes sonoros de los humedales con trinos del acordeón. En España, estos géneros son prácticamente desconocidos, aunque en sus países de origen constituyen un fenómeno social.

Guaraníes, conquistadores y misioneros

Las poblaciones humanas de todo el mundo han preferido desde siempre establecerse en acogedores bosques a orillas de ríos, donde encontraron los elementos esenciales para el sustento: cobijo y alimento. La propia geografía del continente americano, vertebrado en torno a la columna de las alturas de las Andes, condiciona la distribución de nuestra especie, gracias a la abundancia, calado y caudal de sus ríos, de enormes proporciones comparados con los que surcan nuestro país.

El subcontinente sudamericano posee tres gigantescas vertientes hidráulicas que desembocan en el Atlántico después de recorrer tremendas distancias selváticas: al norte el Orinoco (en la actual Venezuela, llamada así por los canales y construcciones sobre pilares en el agua que recordaron la gloria veneciana a los europeos). En el centro, la enmarañada red infinita del Amazonas. Y al sur, la cuenca del Plata, que desemboca en el mayor estuario imaginable (a cuyas orillas separadas por más de 200 km. de agua dulce nacen Buenos Aires, Montevideo y el tango).

Esta última vertiente fluvial recoge las aguas de varios ríos principales, que encierran una mesopotamia (islas de tierra firme entre ríos) bordeada por los ríos Paraná y el Uruguay, que a su vez acogen en su seno a importantísimos afluentes como el río Paraguay. El paisaje natural, por tanto, está dominado por grandes vías fluviales, plagadas de trampas innavegables como las cataratas del Iguazú (en la triple frontera de Brasil, Argentina y Paraguay) y por una vegetación tan frondosa que los brasileños del sur denominan mato grosso.

Afortunadamente para sus nativos, en la zona no hay minas de metales preciosos ni riquezas. La propia naturaleza es tan ubérrima, que proporcionó a los indígenas todo lo necesario para subsistir de la mera recolección, caza y pesca. Ello seguramente ha sido determinante en el carácter amistoso de las tribus guaraníes que acogieron a los conquistadores sin recelos, abriendo luego sus espíritus a los misioneros.

El hábitat de la zona determina una fuerte dispersión de pequeñas comunidades, organizadas hasta la conquista en tribus de no más de mil o dos mil miembros, mayormente pertenecientes al grupo lingüístico Tupi Guaraní, una lengua que aún es oficial en Paraguay, aunque hoy día plagada de expresiones y palabras derivadas del castellano. A partir del siglo XVI los indígenas vieron el ajetreado tráfico de barcos españoles explorando sus orillas y buscando los mitos de El Dorado y Potosí. Y con ellos los primeros religiosos que traían la cruz en el reverso de la espada, franciscanos, dominicanos y finalmente los jesuitas, quienes a partir de 1574 fundan las primeras misiones y obtienen el beneplácito de los amerindios por su rechazo de la encomienda (los privilegios de la conquista, como se refleja en la película La misión).

En las misiones los jesuitas eran tan protectores de sus indios ante los ataques o pretensiones de españoles o lusitanos, que formaron casi un mundo aparte. En estas comunidades teocráticas los religiosos europeos hicieron oír a los aborígenes la música que conocían, es decir, el barroco. En 1767 el Papa y el Rey de España expulsaron a los jesuitas y destruyeron las misiones, aunque los indios siguieron conservando parte de la herencia musical.

Más al sur por los ríos, la mesopotamia argentina es tierra de pescadores, jangaderos (capitanes de balsas de troncos), temporeros del algodón y soledad. Este aspecto del paisaje y del ser humano se descubre en el compás y la melancolía que arrastra el género musical del chamamé. Si bien es una danza de origen europeo de pareja enlazada, similar al vals, la polka o el chotís, al llegar a la provincia de Corrientes en Argentina se tiñó con la cadencia de los lugareños que, acompañados de guitarras y acordeones, supieron convertir este ritmo en la máxima expresión musical de su cultura.

La música litoraleña nace en las bailantas, bailes populares previos a la globalización, donde las familias celebraban la vuelta a casa de los hombres.
Cuando en el polvoriento patio de la bailanta hombres y mujeres se abrazan mecidos por la cadencia de un chamamé, cuando la "cordeona" rasga el aire con sus melodías envolventes, surge inevitable el sapukay, el grito indígena de placer que se difunde por el aire como el canto de las aves a la orilla del río. En las ciudades, el chamamé representa la nostalgia por un paisaje perdido, y el íntimo deseo de alguna vez regresar a su tierra.

"en la radio sin querer, como un duende el acordeón
estirando un chamamé, le estremece el corazón.
Si hasta le parece anga, que si suelta un sapukay,
los peones le han de oír en la estancia El Paraisal.
Algún día volverá, le gustaba ser peón,
no se halla por acá ya va a haber otra ocasión.
Mientras tanto al escuchar en la radio un chamamé,
él remonta un sapukay que [es] su modo de volver."

(Antonio Tarragó Ros "El cielo del albañil")

El arpa paraguaya: un ejemplo de transculturación instrumental
En el continente americano pueden verse algunos de los ejemplos más evidentes de transculturación a través del instrumental musical folklórico. En varios casos, los instrumentos considerados más tradicionales no existían antes de la conquista. En algunos casos, como la guitarra, se trató de una importación europea que pronto adquirió carta de naturalidad en el nuevo continente, sin sufrir más cambios que en los tipos de maderas y barnices utilizados para su construcción. En otros casos, como el del charango andino, hay una adaptación tal del proceso de construcción que nace un instrumento independiente, con voz y técnica propias. En este caso, la falta de una tecnología para curvar la madera llevó a la utilización de los caparazones de los armadillos para imitar la forma de una guitarra o vihuela.
En el área guaranítica, la música folklórica incorporó rápidamente a su bagaje mestizo los sonidos del violín y diferentes tipos de acordeones, pero también transformó la técnica de construcción del arpa, que se popularizó hasta el extremo de identificarse como variedad independiente en el arpa paraguaya.

Este instrumento llegó por primera vez a la zona de mano de los conquistadores españoles, específicamente en la misión de Sebastián Gaboto al Río de la Plata en 1526, con cuyo barco llegó el tañedor Martín Niño. Los pacíficos indios Carios acogieron el arpa, construyéndola de madera americana, logrando una notable estilización y creando su propio repertorio. La lejanía de las fuentes propició además una especie de congelación en el tiempo, que ha hecho llegar a nuestro tiempo un instrumento sin pedales ni clavijeros mecánicos que, aunque limitado en sus posibilidades musicales cromáticas, gana en sonoridad, claridad y consistencia.
A pesar de las limitaciones que impone la afinación diatónica, los músicos litoraleños consiguen un gran nivel de expresividad y virtuosismo, pulsando generalmente la melodía con las uñas (y no con las yemas de los dedos, como los arpistas clásicos) de la mano derecha, e interpretando el acompañamiento con la mano izquierda. Y pese a la extensión de la tradición del aprendizaje oral, el músico nativo Diosnel Martínez Bordón ha creado un método para el aprendizaje del instrumento.
A diferencia de la presencia del arpa en otras músicas de América, en el área guaranítica y, especialmente, en la música folklórica paraguaya, se utiliza como instrumento solista, y no de acompañamiento. Tiene un amplio repertorio entre el que destacan las obras "Cascada", "Viejo Campanario", "Kurusu ára" (3 de Mayo), "Guyra pu" (Pájaro Campana), "Carreta güy", "Misiones Ñu" (Beni Loma), "Mamópa reho Josepa", "Isla Saká", "Melodía para tí", "Guaraní F.B.Club", etc.
Entre sus intérpretes más destacados figuran los Villasboa, padre e hijo; el argentino de la provincia de Misiones José del Rosario Diarte, Conché Ramírez y Tani Bordón; Pedro Rojas (Perú´í) y especialmente el desaparecido Félix Pérez Cardozo, un verdadero pionero del instrumento. Este artista extraordinario sembró toda una escuela de ejecución de arpa paraguaya y además le agregó cuatro bordonas, elevándola, de las 32 cuerdas tradicionales, a 36. Creó varias composiciones que pasaron al repertorio permanente de los tañedores paraguayos y de otras latitudes, como las polcas "Llegada", "Tren Lechero", "Angela Rosa", "El sueño de Angelita", "Mi despedida", "María Elsa" y otras.

Entre los luthiers destacan Epifanio López, Timoteo Rojas, Amadeo Monges y Lino Ruíz Díaz, estos dos últimos radicados en Buenos Aires, aunque todos ellos paraguayos. También pueden encontrarse ejecutantes de arpa paraguaya en Uruguay (Aníbal Sampayo); en Chile (Hermanos Silva) y en Argentina (Ricardo González, Amadeo Monges (h)).

Música litoraleña

La llamada música litoraleña define un estilo de músicas populares que ha influido en otros y que destaca por su particular rítmica y la amabilidad de sus melodías, muchas veces virtuosas e imitativas de los sonidos naturales. Sirvan de ejemplo la famosa melodía para arpa "Pájaro campana" o la canción "Chogüí". Entre los estilos y géneros litoraleños destacan la guaranía, la galopa o galopera y el chamamé.
Chamamé es una palabra en guaraní y significa algo hecho a la ligera, de forma desordenada y hoy día designa a un estilo de música litoraleña muy extendido en la mesopotamia argentina, que abarca las provincias de Entre Ríos, Misiones y principalmente Corrientes, bordeada de otras como Formosa, Chaco y Santa Fe, además del Paraguay y el sur de Brasil. Y aunque hay una primera mención al nombre en 1821, empieza a popularizarse a partir de 1930, con la primera grabación bajo el nombre genérico de chamamé del tema "Corrientes Potí" en la voz de Samuel Agayo. Hasta entonces, aseguran los lugareños, ese tipo de música se denominaba polquita correntina o enramada.

Esa época coincide con el desarrollo de un nacionalismo musical que hace que los creadores locales investiguen en el acervo propio, en lugar de adoptar estilos foráneos. Esta modalidad alcanza incluso a la música clásica, donde se produce un movimiento regionalista, ejemplos del cual son la exquisita "Rapsodia correntina" de Edgar Moreno Maciel, o la galopa "Misionerita" de Lucas Braulio Areco. Surgen también entonces los primeros compositores y letristas no anónimos, entre los que destacan en los años 30 Osvaldo Sosa Cordero, Porfirio Zappa, Damasio Esquivel o Adolfo Barboza, mientras que en los 40 y 50 los nombres más populares del género serán los de Ernesto Montiel (con el cuarteto Santa Ana), Isaaco Abitbol, Tarragó Ros y Tránsito Cocomarola.

Incluso hoy día, muchos de los intérpretes de la música litoraleña llevan los mismos apellidos que aquellos precursores y el chamamé ha adquirido además la categoría de danza para escena. También se da el caso de artistas de talla internacional que comenzaron en el género como el bandoneonista Dino Saluzzi que en su autoexilio europeo se mezcló con músicos de diversos orígenes y concepciones musicales, dando lugar a una interacción folklórica, jazzistica y étnica de máximo nivel. Buenos ejemplos de esto son sus discos en la discográfica ECM, como Andina, Kultrum o Mojotoro.

Otro nombre que evoca la música de la región es el acordeonista Raúl Barboza, hijo del ya mencionado Adolfo, que a los 7 años aprende de su padre el arte y la técnica del género. A los 12 años grababa su primer LP con el grupo Irupé. Desde entonces se multiplican sus actuaciones y discos en todo el mundo, solo o junto a figuras destacadas del folklore argentino como Eduardo Falú, Jaime Torres, Los Chalchaleros o en 1987 junto a José Carreras en la grabación de la Misa Criolla.
En las últimas décadas, incluso artistas provenientes de otros géneros populares, como el rock, han hecho incursiones creativas en la música litoraleña, como León Gieco, y también han surgido voces femeninas de renombre como Ramona Galarza o Teresa Parodi. Uno de los nombres que más suenan últimamente es el del acordeonista Chango Spasiuk.

Análisis musical

Como hemos apuntado antes, la música de chamamé suele interpretarse en conjuntos instrumentales dominados por el acordeón y la guitarra, mientras que las otras formas de música litoraleña incorporan el arpa y el violín. Las canciones suelen cantarse en español o en guaraní, aunque lo más habitual es que estén mezclados ambos idiomas. A la voz solista a veces también le acompaña un segundo cantante cuya melodía evoluciona en paralelo en la tercera inferior. En las bailantas de la zona los músicos chamameceros suelen ampliar su repertorio con valseados, polcas y rasguidos dobles, emparentados con los ritmos de la habanera cubana en compases binarios.

El chamamé, por su parte, se basa en un compás más complejo de su habitual transcripción en partitura, ya que alterna compases de 3/4 y 6/8. Este doble compás es muy frecuente en la música sudamericana, hasta el punto de asociarse en el musical-película West Side Story a la música hispana (óigase como ejemplo "I want to live in America") y su procedencia puede remontarse a los géneros españoles de los canarios y jaracas del siglo XVI.

Sus melodías y armonías no destacan entre el resto de músicas populares regionales, aunque sí su rítmica y caracterización tímbrica. El ritmo del chamamé se caracteriza principalmente por unas fórmulas de acentuación muy clara en la cuarta corchea del doble compás de 3/4 y 6/8.

A diferencia de otros géneros musicales de la región, el chamamé no suele tener un número de compases determinado. Los ejemplos más tradicionales suelen articularse en torno a dos o tres frases de 8 compases, que se repiten con variaciones en el texto.

En cuanto a su carácter tímbrico, acusa la influencia del paisaje a través de simbolismos como el sonido del arpa paraguaya (especialmente sus glisandos) y las guitarras con el fluir del agua de los ríos y con sus cascadas, o la imitación de la fauna y de los ambientes sonoros de los humedales con trinos del acordeón.
A pesar de sus semejanzas iniciales con la polca paraguaya, hoy día el chamamé tiene un repertorio propio y completamente diferenciado, acusando las influencias de géneros cercanos renovados, como la bossa-nova brasileña o el nuevo tango de Astor Piazzolla, de quienes recoge influencias armónicas y de renovación instrumental.

Conclusión

Las músicas litoraleñas del área guaranítica constituyen una variante de los géneros populares sudamericanos caracterizada por la rítmica, la tímbrica y cierta nostalgia del "paraíso perdido" en sus letras. En España, estos géneros son prácticamente desconocidos, aunque en sus países de origen constituyen un fenómeno social y una forma de entretenimiento (música y baile) que mantiene su apego a las raíces a pesar de los aires de estandarización cultural de la actualidad.

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existen tres maradas diferencia de estilos con los pioneros del chamame, ellos son don ernesto montiel , transito cocomarola y don antonio tarragorros. luego de alli surgiron infinitos estilos, desde el estilo romantico interpretado por los hno barrios el los anos 1968 aproximadamente tambien los hno cardozo con un estilo mas movidos pero con definicion de autentico chaquenos como estilos propios co un rizmo mas bien orillero.. los tres pioneros se definen asi, transito con un estilo autentico con un nivel superior en su interpretaiones, donde produjo una escuela con mucho alunnos que hasta hoy siguen su estilo, quiero que indagen a roque librado ganzalez el mas grande acordeonista e interprete con un corriculum de muchos chamame de su creacion, dejo tocar luego del fallecimiento de sus compa;ero transito. vive en la ciudad de corrientes es un maestro si puden deben conocerlo . ademas es afinador de instrumento el mejor en esta escialidad... un abrazo a toda la comunidad.. luego les comento de los demas...Raul Orlando Sosa..... poeta ROS.. NO DEJEN DE LEER EL PODEROSO DE MI AUTORIA..

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Curuzú Cuatiá tiene una corriente musical chamamecera que identifica a sus músicos y creadores. Esta corriente artística tiene rasgos distintivos muy claros respecto al chamamé en general.

No nos referimos al estilo que haya marcado Tarragó Ros, Ramón Estigarribia, Gualberto Panozzo, etc. Sinó a otro estilo de chamamé que pertenece a la MAYORÍA DE LOS MÚSICOS de esta ciudad.

Entre los nombres mas destacados podemos enumerar a artistas como Rubén “Palometa” Amarilla, Antonio Tarragó Ros, Mateo Villalba, Roberto Romero, Quique Sorribes, Pocholo Airé, Tito Gómez, La “Rana” Espinoza, Baby Gadea, Rodolfo Regúnaga, etc...por nombrar a una generación que marcó tendencias en la música nacional. Luego otra generación de artistas curuzucuateños como Waly García, Romy Espinoza, Jorge Güenaga, Pico Silvera, Pinocho Hernández, Carozo Gutiérrez, Pelusa Canteros, Aldy Balestra, Yayo Cáceres, Julio Regúnaga, Rubén Molina, Carlos Irigoyen, Cacho Pérez, Cacho Ferreyra, Tacurú D’avis...y la lista se hace mas extensa a medida que transcurren los días, pues jóvenes artistas como Julián Molina, Carlitos Villalba, Hermanos Estigarribia, Sergio y Diego Gutiérrez, etc...ya van escribiendo la historia del “chamamé curuzucuateño”...lleno de nostalgias, sencillez, sutileza, excelencia, buen gusto y calidad.

Esta corriente permanece ausente de la mirada de estudiosos e historiadores del chamamé, por lo que se ha tomado conciencia de la importancia de crear una plataforma que aglutine los esfuerzos creativos, la producción artística, difusión, rescate y la presencia de este movimiento en el entramado cultural todo.

Algunos músicos han marcado tendencias en forma particular como los trabajos de Antonio Tarragó Ros, Mateo Villalba, Pocholo Airé, Roberto Romero, Quique Sorribes, Rubén Amarilla y en otros casos como arregladores y compositores que dieron vida a grupos como Los de Imaguaré, Pocho Roch, trío Laurel, Grupo Reencuentro, Teresa Parodi, Mario Boffil, Los Alonsitos, etc. Grupos que en su momento fueron “marcados” por el signo del “chamamé curuzucuateño”.

La FUNDACIÓN CHAMAMÉ CURUZUCUATEÑO tiene como objetivo el rescate de obras, muchas veces en grabaciones de cintas, y otras que nunca fueron editadas por falta de medios económicos o simplemente por desinterés natural de las compañías discográficas por este estilo musical del chamamé. Archivarlas, publicarlas, promocionarlas, difundirlas tanto estas obras documentales como la producción de nuevas creaciones de este tipo o estilo de música chamamecera, por todos los medios posibles, sean estos gráficos, informáticos, radiales y/o televisivos, y con la concreción de grabaciones, espectáculos, documentales, hechos artísticos, educación, docencia y clínicas referidas a la misma.

La FUNDACIÓN CHAMAMÉ CURUZUCUATEÑO también tiene por objetivo:


1- Interrelacionarse con otras disciplinas del arte que contribuyan a plasmar el espíritu de este movimiento.
2- Contribuir a la formación de nuevos músicos que cultiven este tipo de música y realizar el asesoramiento de los músicos actuales, constituirse en el centro receptor de ideas e iniciativas dentro del ámbito en que la Entidad desenvuelve su accionar.
3- Organizar espectáculos, eventos y exposiciones que sean acordes o tengan relación con este movimiento.
4- Propiciar la realización de talleres, concursos, seminarios, encuentros para la promoción y divulgación de esta música y toda expresión artística relacionada con este género.
5- Promover e incentivar el análisis y estudios sistemáticos correspondientes a toda manifestación de este género de chamamé. Recopilar datos, notas, biografías, hechos diversos que tengan que ver con el movimiento, archivarlos, publicarlos, etc.
6- Incentivar la creación y desarrollo de nuevas obras y artistas que continúen este estilo musical.

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Juan Ángel Ocampo, cuyo seudónimo artístico es "Juan Montiel", nació el 25 de mayo de 1962 en Paso de los Libres, Corrientes. Desde muy joven se inclinó hacia chamamé y con el acordeón va siguiendo los pasos de su tío, quien fuera en vida el "Acordeón mayor y Señor del Chamamé", Don Ernesto Montiel.
Luego de algunas presentaciones alrededor del país, a los 16 años, recibe el mayor encargo de su vida, la Señora Juana Notto, viuda de Don Ernesto Montiel, le hace entrega del acordeón que perteneciera a su tío. Se inicia así el conjunto "Los Montieleros" actuando en los festivales más importantes del chamamé de esa época, como el "Federal" en Entre Ríos, en Mburucuyá –Corrientes, en Chajarí –Entre Ríos.

Juan Montiel, que ha recibido a lo largo de su trayectoria un centenar de distinciones por su brillante ejecución del acordeón y sus composiciones folklóricas, conserva la sencillez de los recién iniciados, y un entusiasme casi infantil al referirse a la fiesta.

“Es impresionante ver tanta gente respondiendo al Chamamé, buscando acompañarnos en esta última noche de festival, me hace inmensamente feliz poder ser parte de esta fiesta, tener la oportunidad de ver cuántos chamameceros hay en Corrientes y en el país que quieren oírnos” , dijo.

Para su presentación de esta noche, lo acompaña cómo hace varios años su joven hijo Ernestito Montiel, con quien conformó desde 1992 el dúo “Juan y Ernestito Montiel”.

“Mi hijo compuso un tema especialmente para la Fiesta. Es algo que me llena de orgullo y de felicidad. Acompañarlo cómo padre desde la música es una sensación maravillosa”, dijo Juan.

“Nuestra familia carga con una gran responsabilidad y es la de responder no sólo a un gran artista sino a todo un estilo que se compuso a partir de él. Durante febrero, estaremos participando de lo que será el homenaje a mi tío Ernesto Montiel en su Paso de los Libres natal.”

El popular "Estilo Montielero" es en la actualidad una de las corrientes hacia la que se inclinan los intérpretes de Chamamé siguiendo las composiciones de este maestro.

“Paso de los Libres es también el lugar en donde se instaló el Monumento en homenaje a Ernesto. Todo “Montielero” que pasa a saludarlo se retira hechizado y con ganas de seguir perfeccionando su forma de tocar el Chamamé”, afirma.

Participante junto a su hijo de la última noche de Festival en el Anfiteatro Cocomarola, el dúo arrasó con los aplausos y los pedidos de bises, que por una cuestión de matemática medición no pudo extenderse todo lo que el público lo requería.

“Estuvimos poco tiempos pero creo que lo ocupamos bien, estrenamos el tema que Ernestito confeccionó para el festival y que resultó todo un éxito en el público, así que nos vamos muy contentos”, dijeron al bajar del escenario a Momarandu.com.

“No tengo palabras para agradecer a los responsables de este evento por el excelente trabajo y la seriedad con la que se tomó a este, uno de nuestros principales emblemas culturales: El Chamamé”, cerró

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